Estas Leyendo: Home » Jovenes » ¿Con quién me casaré?

“Hay dos decisiones trascendentales en la vida: recibir a Jesucristo como Salvador, y decidir con quién vamos a casarnos.

“Recibir a Cristo es el paso más importante de la vida. Si una persona no tiene a Cristo en el corazón, no está reconciliada con Dios. Si no está reconciliada con Dios, vive en un vacío espiritual, vive en pecado. Viviendo en pecado, vive perdida, lejos de Dios. Para tal persona, entonces, los consejos que le puedo dar en cuanto al matrimonio sólo serán de valor relativo.” (Luís Palau, ¿Con quién me casaré? 122 páginas, Editorial UNILIT)

Nadie piensa: Voy a casarme con la joven o el joven que haga de mí la persona más infeliz del mundo. Por supuesto que no. Pero muchos han llegado a serlo porque han tomado las decisiones erróneas.

Como ayuda para que tú puedas tomar buenas decisiones hemos formulado un breve examen:

Mi posición personal frente al matrimonio

•    ¿Soy yo creyente en el sentido del Evangelio? Si no, debo antes entregar a Cristo mi vida y someterme a Él, porque el matrimonio fue creado por Dios para practicar en él Su voluntad. (Ef 5: 21-26)

•    ¿Pienso yo en casarme y vivir unido al cónyuge en amor, paciencia y perdón constantes -según el designio de Dios- hasta que la muerte nos separe?

•    ¿Estoy dispuesto a vivir un noviazgo puro? Esto significa renunciar a la convivencia y toda práctica sexual antes del matrimonio, lo que incluye también la ayuda mutua para evitar todo comportamiento que llevaría a la tentación.

•    ¿Quiero de veras que mi novio o novia sea la persona que Dios ha elegido para mí? ¿Estoy pidiendo a Dios Su dirección y sabiduría?

•    ¿Estoy consciente de que cuando me case, ya no seré independiente como antes? El cultivo del amor y de la unión matrimonial requiere tiempo, flexibilidad y a veces la renuncia a programas e ideas propios.

•    Pensando en la vida matrimonial, ¿estoy consciente de que mi rol no es “buscar mi satisfacción”, sino emplearme en la satisfacción de la otra persona? (1Co 7:4)

Preguntas que hay que hacerse ante la posibilidad concreta

•    ¿La persona que creo amar o que me revela su amor es creyente en el sentido integral? ¿Su vida cristiana es auténtica? En ningún caso es la voluntad de Dios que un creyente se case con una persona que no lo es (2Co 6: 14-16).

•    ¿Es una persona a la cual yo puedo dar algo?

•    ¿Nuestros niveles -personal, cultural y social- son compatibles? ¿Qué es lo que yo percibiría y lo que sentiría dicha persona al presentar nuestra relación a los amigos y parientes: orgullo o vergüenza? ¿Habrá peligro de rivalidad o menosprecio dentro de la pareja?

•    ¿Podremos servir juntos al Señor? ¿Tenemos las mismas metas, y nuestras ambiciones son compatibles?

•    ¿Tiene un carácter bueno y comprensivo? Observa cómo se comporta con sus padres, sus hermanos, los superiores, los dependientes y cómo atiende a los ancianos. ¿Quisiera yo ser tratado o tratada así?

•    ¿Podría yo confiar plenamente en esta persona, sin reparos ni celos?

•    ¿Me tranquiliza el pensamiento de que dicha persona sea la madre o el padre de mis hijos?

•    ¿Lo que yo siento -o lo que en mí se desarrolla- es verdadero amor o es sólo una atracción pasajera o el impulso sexual? El verdadero amor no se caracteriza por su pasión, sino por su duración. Imagínate que dicha persona tuviera una enfermedad física o psíquica, si estuviese en una silla de ruedas o sufriese alguna alteración del sistema nervoso, ¿quisiera yo ser su cónyuge paciente y amable?

•    ¿Existen también las bases económicas para formar un matrimonio y una familia sin ayuda del exterior?

Mi amigo, amiga: medita estos puntos ante el Señor. Si te aparecen respuestas negativas o serias dudas, no escuches tus eventuales sentimientos, sino toma una decisión clara y sabia. Mejor es sufrir el martirio momentáneo de un “¡no!” decidido que un calvario que no tendrá fin.

Si meditando estos puntos ves tu camino abierto y además llegas al convencimiento de que el matrimonio es el don precioso que Dios guarda para ti, entonces adelanta en el camino con las bendiciones del Señor. No te olvides de ser sincero y claro también con los padres de ambos. Pero no actúes como aquel joven que sorprendió a su chica de ensueño diciéndole: “¡Yo sé que es la voluntad de Dios que tú te cases conmigo, aunque no quieras!” Aprende, desde el principio, a respetar y entender a la persona que tanto amas o que tanto te ama.


















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