Estas Leyendo: Home » Estudios Biblicos » ¿De cuantos libros se compone la Biblia?



Hablar de “libros” en cuanto a la Biblia es como una repetición, porque la palabra original biblios quiere decir “libro”. Biblios es la primera palabra griega con que comienza el Nuevo Testamento (Mateo 1.1). Así tenemos que la Biblia es un libro constituido de “libros”. Con todo es común que digamos que la Biblia está compuesta de 66 libros, 39 del Antiguo Testamento, y 27 del Nuevo Testamento. Eso ocurre con la mayoría de las Biblias que están disponibles al público.

Sin embargo la realidad es que hay Biblias que contienen más libros que los 39 aceptados tradicionalmente del Antiguo Testamento. Para el caso se puede abrir una edición reciente como la Dios Habla Hoy, en su versión popular ecuménica, y notaremos que contiene varios libros que los católicos romanos llaman Deuterocanónicos.

Antes de hablar un poco más de los libros Deuterocanónicos es importante mencionar que hay varias iglesias que incluyen otros libros más en sus Biblias que los que aceptan los mismos católicos romanos. Las iglesias del Oriente aceptan todos los libros del canon de la Iglesia Católica Romana más otros libros adicionales. Esto deber ser sorprendente para los que creemos que la Biblia es un libro uniforme, estandarizado en todas partes del mundo.

La iglesia Griega Ortodoxa, además del canon católico romano, incluye 1 Esdras, la Oración de Manases, 3 Macabeos y el Salmo 151. El canon eslavo agrega 2 Esdras, con lo cual se establece una secuencia de 1 a 3 Esdras. Otras iglesias incluyen a 4 Macabeos.

La Iglesia Etíope no tiene un concepto exacto de lo que es un canon. Cuentan con dos formatos de la Biblia. En ambos formatos los libros hacen un total de 81, pero el canon amplio incluye 46 libros del Antiguo Testamento y 35 del Nuevo. Por otro lado el canon breve reconoce 54 libros del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo. Los libros que no se aceptan son 1 Enoc, Jubileos, la Epístola de Clemente y El Pastor de Hermas.

La iglesia Católica Romana incluye, entre los libros históricos, a 2 Esdras, Tobit, Judit, 1 y 2 Macabeos. Entre los libros de sabiduría incluye Eclesiástico, Sabiduría de ben Sirac. En los libros proféticos aparecen adiciones a Daniel y Baruc (que incluye la Carta de Jeremías).

Cuando encontramos tantas variantes en cuanto a qué libros deben ser incluidos o no en la Biblia, tambalea nuestra fe. ¿Estamos perdiendo algo si hacen falta libros en las Biblias que usamos a diario? ¿Por qué otras iglesias incluyen libros que nosotros no incluimos?

Por lo menos hay dos respuestas que se le pueden dar a este problema. En ambas soluciones se presentan el aspecto divino y el humano.

1.
Al haber seleccionado los hombres los libros que con el tiempo habían de constituir el canon que ahora tenemos, independientemente de los que se agregaron por diferentes criterios, lo que constituyó Escritura sagrada fue la que era más aceptada por gente religiosa que buscaba la verdad y practicaba un culto piadoso a Dios.

2. El segundo y quizá el punto más importante es que Dios mismo intervino en la selección de los libros que contenían su mensaje fundamental a la humanidad, y en ese sentido Dios guió las mentes de los que estudiaron los libros y los separaron de otros que no calificaban como Escritura sagrada.

Lo que tenemos que entender es que lo que Dios quiso que nosotros leyéramos fue lo que él propició que fuera transmitido hasta nosotros por diversos medios. Pueden haber otros libros inspirados o fragmentos de los mismos, pero contamos con los más importantes para nuestra vida espiritual.

Algo que a menudo no nos damos cuenta es que somos más afortunados que los cristianos de los primeros tres siglos después de Cristo, porque ellos no contaban con el número completo de textos que ahora constituye el canon para nuestras Biblias. (El canon del Nuevo Testamento no fue completado y aprobado sino hasta el siglo IV de nuestra era).

Puede ser sorpresa para nosotros, pero el canon hebreo no fue establecido en tiempos del Antiguo Testamento o sea antes de Cristo, como era de esperarse. El canon hebreo (o sea la lista oficial de los libros del Antiguo Testamento) fue aprobado en Yabne/Yamnia en el año 90 de nuestra era.

En los primeros siglos circulaban entre las iglesias cristianas los Evangelios y las Cartas apostólicas en forma suelta, porque no había entonces lo que hoy llamamos “canon” de los 27 libros de Nuevo Testamento. Incluso circulaban libros apócrifos y cartas de escritos cristianos que eran aceptables, pero que no se tomaron generalmente como inspirados.

Había escritos que se apreciaban entre los cristianos, como la Epístola de Clemente de Roma, las Enseñanzas de los Doce Apóstoles (la Didajé), el Testamento de los Doce Patriarcas, la Asunción de Moisés y el Apocalipsis de Elias.

Tertuliano creía que el Libro de Enoc era inspirado, aunque luego fue descartado del canon como apócrifo. Clemente creía inspirados a la Epístola de Bernabé, el Apocalipsis de Pedro y El Pastor de Hermas (apocalíptico como el de Pedro).

Después de este estudio, no debemos de preocuparnos por los libros que fueron quitados o agregados al canon bíblico en el transcurso del tiempo. Dios ha provisto para que lo que tenemos en nuestras Biblias contenga lo fundamental que debemos saber de la vida eterna, y para guiarnos mientras estamos tratando de vivir una vida santa en este mundo.


—A.M.A.
















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