¿Porqué debemos orar cuando Dios sabe lo que queremos?

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Es verdad que Dios conoce todo, y por lo tanto El sabe de antemano lo que queremos. Pero esa verdad necesita ser balanceada con el hecho de que El ha escogido darnos libertad de escoger y libertad de actuar. El ha escogido escuchar nuestros pedidos, así como responderlos, cuando las condiciones son correctas. Santiago 4:2 dice plenamente que si nos hace falta algo es debido a nuestra falta de oración, “…pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.” Al pedir tomamos una posición de dependencia en Dios y así le honramos.

Debemos orar porque el Señor nos ha mandado hacerlo. La orden de “pedir,” “buscar” y “tocar” en Lucas 11 es con referencia a la oración. Lucas 18:1 nos demuestra nuestra obligación de orar. “Orad sin cesar,” 1 Tesalonicenses 5:17, es también una orden. La obediencia lo demanda.

Debemos orar porque la oración cambia cosas. Un hombre de Dios dijo, “Cuando oro, ocurren coincidencias. Cuando no oro, éstas no ocurren.” Jesús dijo, “…pedid y recibiréis,” Juan 16:24. Santiago nos dice que la oración eficaz del justo puede mucho.”

La oración determina la medida de nuestra eficacia para el Señor. Ha sido bien dicho que podemos medir nuestra influencia por el número de personas que oran por nosotros. Debemos orar porque la obra de Dios no se lleva a cabo sin la oración. Se puede trabajar sin orar, pero ese trabajo no es la obra del Señor.

Debemos orar porque nunca nos acercamos tanto a omnipotencia como cuando oramos en el Nombre pre-dominante de Jesucristo, el Señor. Nosotros nunca seremos omnipotentes, ni aún en los cielos, pero en la oración esgrimimos más poder que lo que podríamos hacer de cualquier otra manera.

Debemos orar porque, tal como un escritor dijo, “Podemos cambiar eventos mundiales y organizar la historia a través de simples, pero poderosos instrumentos: la oración y el ayuno.” Creo que fue el mismo escritor quien dijo que los cristianos a través de la oración mantienen el balance de poder en el mundo.

J.H. Jowett escribió, “¡Qué ministerios los que tenemos en nuestras manos para obrar maravillas en la dimensión prodigiosa de la oración! Podemos llevar rayos de sol a lugares fríos y sombríos. Podemos soltar las cadenas de esperanza en la prisión del desaliento. Podemos soltar las cadenas de los miembros de los prisioneros. Podemos llevar destellos y pensamientos de hogar hasta lugares lejanos. Podemos llevar cordialidad celestial a los espiritualmente débiles, así éstos estén trabajando más allá de los mares.

¡Todos estos son milagros en respuesta a la oración! Grandes milagros demoran, simplemente porque no caemos suplicantes en nuestras rodillas.” Es una cosa asombrosa que nuestra voluntad dada por Dios puede ser utilizada para obstaculizar y oponer al Señor con nuestra poca voluntad para orar. Ojalá que eso nunca tenga que ser dicho acerca de quienes leen este librito. Todos necesitamos hacer una pausa y confesar nuestra falta de oración, arrepentimos de ello, y orar.