-----------VIDA CRISTIANA :

 

LA PROMESA DE LA PRESENCIA DIVINA

Por: Charles F. Stanley

La temporada navideña evoca imágenes de escenas de pesebre, de cantantes de villancicos en ropa de invierno y de árboles adornados con aire festivo. Sin embargo, a pesar de toda la alegría de la fiesta, muchas personas encuentran particularmente difícil esta temporada.

El fin de otro año nos recuerda cuánto ha cambiado la vida, y las reuniones familiares les recuerda su soledad. La pérdida de un empleo o de un ser querido, deja un dolor profundo en sus corazones. Si bien ésta debe ser una época alegre del año, para muchos, no lo es.

 

Si usted está luchando con sentimientos de desencanto, quiero recordarle que Jesús vino a un mundo de grandes conflictos. No era sólo un mundo de malestar político, sino además de inestabilidad emocional y de frustraciones. El gobierno romano pudo haber promovido su Pax Romana —la paz de Roma— pero pocos tenían una sensación de paz permanente en sus corazones.

 

Para muchos entonces, como ahora, la paz y la esperanza eran condicionales; depositaban su confianza en las promesas hechas por los hombres y los gobiernos. Sin embargo, a pesar de lo detallada y estudiada que pueda parecer una lista de planes y objetivos, si éstos no están basadas en la verdad de Dios, se desmoronan bajo presión.

 

El gobierno romano no parecía interesado en un entendimiento certero de quién era Dios. Hasta los líderes judíos concebían a su Mesías como un gobernante militar; pensaban que la liberación que Dios les daría sería la libertad política. Pero Dios envió a Jesús para hacerlos libres de la esclavitud de su pecado. El Salvador no nació en un palacio, sino en un establo. No dirigió una rebelión, sino que mostró el camino para la paz, la esperanza y la seguridad eternas.

 

Dios con nosotros

 

Mateo escribió: "He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" (Mt. 1:23). Ésta es una verdad básica que tenemos que conservar siempre en la mente y en el corazón, porque es el principio fundamental sobre el cual descansa todo lo demás. La verdad es ésta: Dios está con nosotros. Este solo hecho puede y evitará los sentimientos de desánimo y de ansiedad. Este hilo de verdad está entretejido a lo largo del Antiguo Testamento; cada uno de sus libros escritos antes del nacimiento de Cristo apunta hacia la esperanza de Su venida. Y Su presencia es algo que podemos experimentar personalmente hoy.

 

Isaías escribió: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz" (9:6). La mayoría de nosotros sabemos que muchos de los nombres en la Biblia tienen ciertos significados. La palabra hebrea para Jesús es Yeshua, que significa "Jehová es salvación". Jesús era "Dios con nosotros". Fue llamado Jesús de Nazaret, para diferenciarlo de aquellos con el mismo nombre. Pero sólo hay Uno con la capacidad para redimir el pecado de Su pueblo: Jesucristo. La palabra "Cristo" en griego significa Mesías. Éste es el título que los discípulos le dieron al Señor. Lo llamaron "el Cristo", indicando así que le reconocían como el cumplimiento de la promesa de Dios a la humanidad (Mt. 16:16). Ellos creyeron que la promesa de salvación estaba viva y caminando con ellos cada día.

 

A pesar de que el conocimiento de los discípulos era limitado, ellos entendieron que cuando estaban en presencia de Cristo, todo cambiaba. Las dificultades ya no eran insuperables, y los problemas se resolvían, a menudo de forma milagrosa. Él estaba con ellos, pero también con los que estaban sufriendo, y con los que estaban solos y anhelando su curación.

 

He conocido personas que han luchado con el desánimo, y yo mismo he tenido que enfrentarme cara a cara con él. Cuando parece que no hay alivio a la vista, lo único que cambia esta manera de pensar es la realidad de que Dios está con nosotros. No estamos solos. Él nos ama y se interesa por lo que nos sucede. Él cree en nosotros, aunque nosotros no creamos en nosotros mismos. Envió a Jesús para salvarnos, pero también lo envió para que estuviera con nosotros. Muchas veces pensamos que esto aparece sólo en el Nuevo Testamento, pero no es así. Desde las primeras páginas de Génesis, hasta las últimas de los profetas, encontramos un tema constante: Dios está con nosotros, y quiere darnos a conocer Su presencia.

 

Dios caminó con Adán y Eva. Dio un pacto a Abraham, hizo una promesa a Noé, se le apareció a Moisés en la zarza ardiente y fortaleció a Josué en medio de la batalla con estas palabras: "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Jos. 1:9). Dios sabía qué estaba enfrentando Josué, y se daba cuenta que el joven comandante podría fácilmente sucumbir al temor. Moisés había muerto, y el peso del liderazgo estaba directamente sobre sus hombros. Pero Josué no iba a llevar la carga solo, porque Dios estaba con él. Ésta es la clave para nuestro éxito, como la fue para Josué. Fue el Señor quien dio a él y a la nación de Israel la victoria.

 

Aunque muchos tratan de modificar o de negar la verdad de Dios, ésta no puede ser cambiada. Él hará lo que ha prometido. Y, a través de la venida de Su Hijo, nos dice que está con nosotros; Él no está lejos, ni demasiado ocupado, ni absorto en otros problemas. Ve las dificultades que tenemos, y entiende el dolor que sentimos. Vino a la tierra para estar con nosotros. Por eso, si confiamos en el Señor, Él nos dará la dirección y la ayuda que necesitamos para salir adelante en nuestras dificultades.

 

La verdad inevitable

 

Hubo un tiempo en mi vida en el que me sentía totalmente solo. El peso de esta sensación me oprimía el corazón, y terminé diciéndole al Señor que la soledad me había vencido. Mientras pasaba un tiempo con Él ese día, sentí que el Señor le decía a mi corazón: "Yo estoy contigo, no te he dejado. Estoy aquí, y seguiré contigo". Estas palabras transmitían la realidad de la Navidad —Dios con nosotros— y eso llenó mi corazón, hasta desbordar, con un nuevo sentimiento de esperanza.

 

Uno de los aspectos más maravillosos de Dios, es la manera como nos ama. Escucha el clamor de nuestros corazones —el que ni siquiera sabemos cómo expresar— y lo oye perfectamente. Cuando sufrimos, necesitamos saber que alguien se interesa por nosotros, y ese Alguien es Jesucristo.

 

Por tanto, al leer estas palabras, sepa que Dios está con usted. Él está caminando paso a paso a su lado. La Navidad es un recordatorio de que Dios no estaba satisfecho estando solo en el cielo. De que Él quiso venir a la tierra. De que quiere tener una relación personal con usted. Él es santo, pero desea tener el compañerismo suyo.

 

Cuando usted enfrente temores o aflicciones, sólo necesita saber una cosa, y es ésta: Dios está con usted. Esta verdad convierte al temor en valentía. Cuando usted se sienta débil, agotado y batallando con dudas, el hecho de que Dios está caminando junto con usted elimina el cansancio y lo transforma en una fuerza invencible. Cuando su fe sea tentada o puesta a prueba, el aliento de un amigo puede levantarle el espíritu, pero lo único que mantendrá firme su corazón en medio de una gran tormenta, es el hecho de que Dios está pendiente de usted. Él conoce sus necesidades, y ha prometido que nunca le dejará. David escribió: "Porque tú salvarás al pueblo afligido…Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas. Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros" (Sal. 18:27-29).

 

No tenemos que sucumbir a la ansiedad, ni escuchar la perversa voz de la soledad diciéndonos que no le importamos a nadie. Dios vino a vivir entre nosotros, en la persona de Jesucristo. Hoy, por la presencia de Su Santo Espíritu, tenemos al verdadero sentido de la Navidad viviendo en nosotros —Emanuel— la promesa de Dios dada a todos los que crean en Él. Estar conscientes de Su presencia es todo el consuelo que necesitamos para enfrentar cada problema con esperanza y una firme certeza. Porque Él está con nosotros.

 

 

 

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