Amanecer con Dios

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“Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino” Salmo119:105. (BDLA).

Una mujer confesó a una amiga su confusión y duda acerca de la toma de una decisión importante. Ella profesaba creer en Dios pero no asimilaba que el apoyarse en su fe, le ayudaría a elegir su camino.¿Cómo sé que estoy haciendo lo correcto? ¿Cómo puedo creer que mi decisión será la precisa si ni siquiera veo el mañana?”, preguntaba.

Su amiga reflexionó y por último le dijo: “Así es como yo lo veo: Imagínate que conduces en bajada por una oscura carretera de campo y no hay luces que te provean noción alguna de tu ubicación. Es un poco espeluznante. No obstante confías en tus luces delanteras. Ahora éstas sólo te permiten visualizar diez metros del camino frente a ti y eso te es suficiente para ver por donde te diriges. Y mientras viajas por esa senda de apenas diez metros, los focos delanteros te muestran otros diez metros más, hasta que al fin alcanzas tu destino sana y salva”.

Comparable a ello es vivir por fe. No somos capaces de ver el mañana, la semana próxima o el año por venir, pero sabemos que Dios nos proporcionará la luz para encontrar el camino, cada vez que necesitemos de ello.

Cuando estés al borde de toda luz, y a punto de dar un paso en falso hacia las sombras de lo desconocido, tener fe es saber que ocurrirán una de dos cosas: Encontraremos algo sólido donde sostenernos, o aprenderemos a volar. Barbara J. Winter.

¿Pero cuándo?
Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Salmo 27:14 (BDLA).

A menudo sonreímos deliberadamente ante ese comentario sarcástico, “Señor, dame paciencia, ¡Pero dámela ya!” Y, ¿por qué no? Nuestra sociedad demanda el cumplimiento inmediato en casi todo lo que hacemos, desde comidas rápidas en microondas hasta establecer comunicaciones globales en segundos.

Cualquiera sea el asunto, pareciera que un botón, un interruptor o una píldora, proveerán súbitos resultados. Esto hace que se dificulte aceptar que, nos guste o no, el crecimiento espiritual toma tiempo.

En un jardín, cada semillero posee un cronograma promedio de desarrollo. Pero en el ser humano con antecedentes y necesidades únicas, no podemos confiar en promedios para determinar cuándo nos apropiaremos del próximo peldaño, en nuestro caminar con Dios.

Es tentador, cuando enfrentamos una falla espiritual o algo relacionado con el crecimiento de otro, orar y esperar cambios inmediatos. A veces sucede. Sin embargo, ¡qué perdidos y confusos nos sentimos si nuestras plegarias no traen el remedio instantáneo que buscamos!

En momentos así, es bueno recordar que todas las facetas de nuestra naturaleza, incluso los atributos que amamos de nosotros mismos o de aquellos en quienes deseamos una mejoría, se deben al haber sido creados por Dios. Cuando los cambios parecen sobrevenir lentamente, no abandones la esperanza. Considera que las fases de tu madurez están en las manos del Señor.

Permanece en tu comunión diaria con Dios y confía en que tu espíritu será sanado en Su tiempo.

Editorial Unilit