Estas Leyendo: Home » Sin categoría » El amor de un padre hacia un hijo

Cuando se celebra el día del padre generalmente los hijos reconocemos que el es un hombre ideal, bueno y el “mejor papa del mundo”. Reconocemos también que tenemos a una padre amoroso que es Dios por-que el esta en todo momento con nosotros en todo así como el padre cuando protege a su hijo. Sabemos que el esta en las alegrías, en las tristezas, en las angustias y en las tribulaciones ya que, el es nuestro padre que nos creo.

Gracias a el tenemos a un padre terrenal el cual vela por nosotros en las enfermedades, en nuestros estudios y también en nuestra vida diaria y van con nosotros de hombro a hombro supliendo las necesidades a medida que vamos creciendo.

Si tienes un padre que te ama, trata de amarlo. Cuida a tu padre con amor, obediencia y ternura. Quiero decirte que hay padres buenos como también los hay malos que se acuerdan que algún día engendraron pero a la vez se olvidaron que ese hijo nació de el.

Sin embargo, hay padres concientes y amorosos, como a la vez hijos mal agradecidos que sirven como un sufrimiento de por vida para su padre. Quiero contarte una historia sacada de la vida real del libro “Los Indeseables” de un autor hondureño llamado Julio Cesar Antunez acerca de un hijo rebelde que se dio cuenta del sufrimiento que le causaba a su amoroso padre:

“Les voy a contar parte de mi vida porque creo que todas las picardías que he hecho no cabrían en este libro.

Aunque ustedes no lo crean provengo de un hogar cristiano por eso es que no he perdido la costumbre de orar hasta por las cosas que voy a hacer. Hay personas que me llaman fariseo hipócrita, lo hago porque tengo fe. Esa fue la formación que me dio mi padre a pesar que soy un hijo rebelde.

Mi padre me ama y creo que esa fe es la que me ha mantenido con vida. Mi padre era pastor de una iglesia y estuvo pastoreando por 28 años y solo le faltaban dos años para jubilarse cuando cayo enfermo de cáncer en la garganta de tanto predicar desde el pulpito. Fue en ese momento que empecé a preocuparme por mi padre.

Todo lo malo que había sido tanto con el como con el mundo y principalmente con Dios. Mi padre siempre procure que yo saliera adelante y con gran sacrificio me dio la educación la cual no supe aprovechar. Estudie en un instituto donde me llevaba con los compañeros mas picaros de mi sección y fue así como me volví rebelde porque al ver la injusticia que estaban haciendo con mi padre no volví a ir a la iglesia.

Con mis amigos iba a fiestas. Empecé a tomar y hacíamos grandes relajos. Un día que nos Llevaron presos, mi padre con toda pena iba a pagar las multas cuando me llevaban, el me aconsejaba pero yo no le obedecía, y llegue a pensar que yo era la tristeza de su vida.

En una ocasión con el rostro desencajado por la enfermedad que lo había debilitado y con una tristeza indescriptible me pregunto: Por que hijo mío te estas autodestruyendo de esa manera? En que te he fallado hijo amado? Si no me he equivocado, te he dado un buen ejemplo con mi vida.

La respuesta mía fue ¡ No papa, tu no me has fallado! Yo te he fallado a ti escogiendo el mal camino y empezamos a llorar y nos abrazamos y le dije en esa ocasión: perdóname papa! Su respuesta fue: hace tiempo “te he perdonado hijo porque te sigo amando a pesar de todo y nunca te dejare de amar”.

En ese momento una mano sobre mi hombro y una voz que me decía: algún día vamos a salir de esta vida que llevamos y vamos hacer útiles a la sociedad y a la familia. Con la ayuda de mi padre y de Dios y mis esfuerzos soy una persona nueva. Gracias padre yo te amo. Dios es justo y fiel para recompensarnos en aquel día final (Proverbios 1.8).

—Martha de Moreno
















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