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En 1 Corintios 13 Pablo dice que tres cosas perduran: la fe, la esperanza y el amor. El pone el amor en la cima de la lista, significando que la mayor realización para cualquier cristiano es amar. Este amor no es el amor de familia y amigos, o incluso el amor por Dios. Transcendiendo todos éstos, de acuerdo a la enseñanza de Jesús, es el amor por sus enemigos… amor por toda la humanidad.

En este punto, todos debemos hacer una pausa. Es fácil amar a aquéllos que nos aman, pero Jesús amó, y nos enseñó a amar a aquéllos que no nos aman… incluso a aquéllos que nos persiguen. Sin la ayuda de Dios, esto es imposible para nosotros los humanos. E incluso con Su ayuda, debo confesar que miserablemente fallo, y estoy seguro que no estoy solo en esto.

Por supuesto, esto es el por qué Pablo prologa el amor con la fe y esperanza. Sin estas dos cualidades todos seguiremos nuestros bajos instintos de hombre terrenal, odiando a aquéllos que son nuestros enemigos, e incluso a aquéllos que no son como nosotros, y que no les gusta las cosas que nos gustan, ni viven por reglas que creemos son correctas. Nos permite ver cómo la fe modifica esta antipatía hacia otros.

En primer lugar, la fe hace que “venir a Dios” sea posible, como el escritor de Hebreos dice, es una fe de auto-negación. Debo dejar el papel de amo de mi propia vida y destino, y rendirla totalmente a Dios. Nuestro egocentrismo debe ser reemplazado por el Espíritu de Dios que es prometido a todos quienes aceptan a Cristo Jesús.

En segundo lugar, debemos creer que la manera de Dios es correcta. Y debemos creerlo firmemente para tragar nuestros instintos bajos y hacer como El hace. Si El no amara a los pecadores, todos estaríamos perdidos para siempre. Note también que El no hace ningún catálogo de cuáles pecadores está dispuesto a amar; incluso los que lo crucificaron estaban en Su última súplica al Padre: “Perdónelos, porque ellos no saben lo que hacen”.

Pero hay más ayuda para nosotros, pobres pecadores, quienes encontramos difícil amar a nuestros enemigos. Queda en la palabra “esperanza”. La semana pasada envié una lección, enseñada por Tim Archer en la cual él contó la historia de una profesora que fue enviada a enseñar a un muchacho enfermo acerca de los sustantivos y verbos, ya que él no debía retrasar su aprendizaje mientras estaba enfermo. Cuando ella llegó allí, encontró que el muchacho estaba realmente moribundo, y ella pensó que seguramente la última cosa que él necesitaba era ser enseñado sobre los sustantivos y verbos, pero a eso la enviaron, y entonces ella lo hizo.

Después los doctores encontraron que el muchacho empezó a mejorar, y estaban asombrados por su progreso. Ellos se habían rendido porque su cuidado médico parecía incapaz de sanar su enfermedad. Después de que él se recuperó, una enfermera le preguntó por qué él había empezado a luchar cuando parecía que se había rendido. El dijo, “Si la escuela hubiera pensado que yo iba a morir, no habrían enviado una maestra que me enseñara los sustantivos y los verbos.” La profesora no le dio sólo conocimiento de sustantivos y verbos. Ella le dio esperanza.

Yo le cuento esta maravillosa historia para mostrar por qué la esperanza es una ayuda tan poderosa en nuestra lucha de imitar a Jesús, y amar a todas las personas buenas y malas.

Cuando intentamos hacer frente con esto al mundo difícil y hostil, comprendemos mejor que Dios está de nuestro lado, y nada es realmente más importante. La gran esperanza que tenemos reduce nuestro ego, porque nos damos cuenta que no podemos hacerlo por nosotros mismos, pero nuestro compañero en el camino es Jesús, y El ha superado al mundo. En algunas de Sus últimas palabras a los discípulos, Jesús dijo, “En casa de mi Padre hay muchas mansiones. Si así no fuera yo os lo habría dicho!”

Esta era Su convicción, no importa lo que pase, hay una luz al final del túnel-hay esperanza. Isaías dijo, “Aquéllos que esperan en el Señor… se elevarán sobre las alas como las águilas: correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.”

Si usted realmente tiene completa FE en el Señor, usted es poseedor del más grande regalo de todos; ESPERANZA. Cuando usted tiene esto, usted puede compadecerse de aquéllos que no lo tienen, e incluso deseará compartir este gran regalo con todo el mundo. Amar a aquéllos que lo odian hasta es posible, porque usted sabe que el mundo de odio en que ellos viven les priva del más grande regalo de todos. Por eso la fe y esperanza pueden traer al verdadero creyente en Jesús a amar a todos como El amó.

Usted debe saber lo que su destino final es; que no se desvanezca en la insignificancia. Recuerde: “Fe es la esencia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas no vistas”.

Por: Roy Osborne


















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