Muchas veces pensamos que el llamado para servir a los jóvenes, tiene que ver con cosas extra-sensoriales: cuestiones de extraterrestres o simplemente el hecho de “sentir” algo en nuestro ser.
Cuántas veces les preguntamos a los jóvenes: ¿Por qué no te involucras en el servicio a Dios para ministrar las vidas de otros jóvenes?, y las respuestas son de las más variadas:
- “no siento servir a Dios”
- “Dios no me ha revelado nada”
- “No he visto una señal por parte de Dios”
- “No sé cómo servir”
- Otras simplemente mencionan, “no tengo tiempo para servir”.
- Otras simplemente mencionan, “no tengo tiempo para servir”.
Podemos encontrar muchas excusas, desde las más sobrias hasta las más extravagantes. Lo cierto es que Dios tiene en mente otra cosa con respecto al llamado. No se trata de lo que sentimos o veamos, de lo contrario casi nos estamos pareciendo a uno de los discípulos de Jesús que quiso “ver para creer”.
El llamado al servicio de Dios, según lo que encuentro en la Biblia reclama sólo dos ingredientes indispensables en la persona: “Amar a Dios sobre todas las cosas y Amar a los jóvenes que servimos”. ¿Te suena parecido esto a algún texto bíblico? En otras palabras, llamado tiene que ver con obediencia.
Sin embargo, pueden decir: “pero no siento nada o no he visto nada”, y el llamado no se trata de ver o sentir, sino de obedecer. La obediencia está en el corazón de la persona. Es en el corazón donde encontramos la visión, la pasión y la carga por la juventud, y además la disposición de aprender.
Cuando Dios llama a un joven no le pregunta “si puede” hacer el trabajo, al contrario, le pregunta “si quiere” hacer el trabajo.
Existe una gran diferencia entre el “poder” y el “querer”. En primer lugar, el “poder” descansa sobre nuestras habilidades y virtudes, y en segundo lugar, “el querer” descansa en la voluntad de la persona que quizá no se sienta preparado pero que está dispuesta en aprender y a correr la segunda milla a favor de esta nueva generación.
“Al ver la multitud tuvo compasión de ellos” esto no descansa en “si puedo”, esto me hace mirar al cielo y decirle al Señor: “qué quieres que yo haga”, no puedo pero quiero.
Hoy en día existen miles de jóvenes que necesitan de los “quiero”, si tú eres una de esas personas, olvidémonos de términos teológicos como el llamado general y el llamado particular y veamos la necesidad de miles de personas. Me imagino a Dios preguntándose “¿Todavía sigues pensando si te he llamado o no? La respuesta a esta pregunta puede cambiar generaciones o estancarlas.
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