Estas Leyendo: Home » Vida Cristiana » La oración que Dios no escucha

Podríamos entender este tema de la siguiente forma: orar es comunicarse con Dios y toda comunicación implica considerar de la otra parte su marco social e individual para que el mensaje se interprete como se quiere. En el lenguaje de Dios no es diferente, es necesario que la oración se ajuste a su pensamiento y sus prioridades: el Espíritu nos revela esto.

 

De no ser así es justo que Dios sea indiferente a muchas oraciones, mas esta indiferencia es una forma de advertencia y señal que algo va mal en nuestra vida que no nos permite orar de acuerdo a su voluntad. El hecho de que la Biblia haga bastante referencia al “cómo no orar” es porque precisamente Dios quiere responder a todas nuestras oraciones. Veamos algunas causas que interfieren con esta comunicación.

1.(Mt. 6:5-8) Cuando se usan vanas repeticiones o para ser vistos por los demás

En este pasaje Jesús juzga de hipocresía, refiriéndose al pecado de usar la oración para aparentar piedad, repitiendo frases que no provienen de todo el fervor del corazón, diciéndolas sólo por costumbre o pretendiendo ser elocuentes; la recompensa, en este caso, no es la respuesta de Dios, sino el mero aplauso de los demás.

La oración del cristiano debe ser auténtica en tanto que nuestro espíritu se quebrante al estar en la presencia de Dios, por lo que cada palabra provendrá del alma, del entendimiento y las convicciones. Seamos sencillos, Dios no considera la estética ni la cantidad de palabras sino de dónde provienen éstas.

2. (Lc 18:9-14) Cuando se ora con el corazón altivo

La oración jactanciosa del fariseo mostró que su corazón estaba apartado de Dios, no tenía idea de su propia corrupción, ni sentía alguna necesidad, se creía digno de que Dios le escuche y por eso nada recibió.

El único recurso que nos ha permitido comunicarnos con Dios es su gracia. Su espíritu produce en nosotros el deseo de orar o de ser más santos. Cuando Dios pide que oremos con un corazón humilde y quebrantado es para que entendamos que, siendo aún pecadores, podemos ir a él con confianza sabiendo que nos perdonará y que sin él no seríamos nada.

3. (Stg 4:3) Cuando no se tiene la intención de hacer la voluntad de Dios.

Probablemente hay ocasiones cuando oramos sin realmente querer que Dios intervenga porque quizás tememos que él tenga otro camino distinto a lo que deseamos o esperamos, que nos responda del modo que no queremos; o a lo mejor, si sabemos su voluntad, no estamos dispuestos a obedecerla y por eso Dios no nos responde.

Muchas veces nuestra voluntad no es la de Dios, pero él siempre tiene mejores planes u otras prioridades que con el tiempo sabremos que habían resultado ser más convenientes. Por ello debemos discernir con la palabra de Dios, para que su voluntad coincida con nuestros deseos. Confiemos, dejemos que él se encargue de todo.

4. (1 P 3:12) Cuando se tiene pecado en el corazón

El pecado eclipsa el discernimiento espiritual. Cuando el espíritu ya no predomina, lo hace la carne y las emociones, y no podemos saber lo que realmente es bueno para pedir a Dios. El pecado confunde porque muchas veces no se presenta como una maldad “pura”, sino que se fusiona con lo bueno aparentando ser justo.

La rectitud del cristiano es la prioridad de Dios, aún por encima de la sanidad o de la provisión material. Cuando confesamos y nos apartamos del mal empezamos a ver la vida como Dios la ve, pedimos correctamente conforme a su voluntad y Dios responde.

5. (Mr 11:24) Cuando no se ora con fe

Oramos sin fe cuando no creemos que Dios nos está escuchando o pensamos que no puede solucionar los problemas lo más natural como sobrenaturalmente lo requiera. Cuando caemos afligidos ante él y nos levantamos de la misma manera.

A veces nos surgen dudas aunque no queremos dudar, pero aún así debemos orar, porque Dios puede usar ese medio para aplacar nuestras dudas. La fe nos consuela cuando esperamos que Dios obre en su forma y en su tiempo. Hace que dejemos de preocuparnos, que estemos contentos con lo que tenemos y cual sea la situación en la que estemos aún podamos decir que Dios es nuestra fortaleza: la fe es sobrenatural.

Por todo esto, cuando estés pasando por momentos de dudas y no sepas cómo pedir o pienses que por tu pecado Dios no te va a escuchar, recuerda lo que dice la Biblia “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb 4:16). La voluntad de Dios es responder claramente a tus pedidos, a veces hay que esperar mucho tiempo, pero por nada esto es un retraso. Dios responde a cada uno de diferente forma, él sabe lo que necesitas y sabe cuando dártelo. Lo importante es que abandones todo lo que te separe de él, no pretendas cambiar nada con tus propios esfuerzos, sólo en Dios hay ayuda para nosotros. Debes ir a él tal como eres, dispuesto a hacer lo que te pida. Cuando comprendas más plenamente el amor de Dios, cuando tu mente esté centrada en Cristo, sabrás que la oración no es cosa de unos instantes, sino del transcurso de toda tu vida.

Doris Alcón, Mensaje de Paz


















© 2011 ConPoder.com · Powered by WordPress