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______ SECCION REFLEXIONES:

 

LA FE COMO LA DE UN NIÑO

La pequeña Tania, de seis años de edad, y su papá eran los únicos que seguían despiertos en el automóvil mientras iban de vuelta a casa después de un viaje de campamento familiar. Mientras miraba la luna llena a través de la ventana del vehículo, la niña preguntó: «Papá, ¿crees que yo podría tocar la luna si me levanto?»

«No, no lo creo», sonrió él.

«¿Puedes tú alcanzarla?»

«No, no creo que tampoco pueda hacerlo».

Tania estuvo callada por un momento, luego dijo confiadamente. «Papi, ¿y si me cargas sobre tus hombros?»

¿Fe? Sí, la fe como la de un niño en que los papás pueden hacer cualquier cosa. Pero la verdadera fe tiene la promesa escrita de Dios como su fundamento. En Hebreos 11:1 leemos. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Jesús habló mucho sobre la fe, y a lo largo de todos los evangelios leemos acerca de Su respuesta a aquellos que mostraron una gran fe.

Cuando unos hombres trajeron a su amigo paralítico a Jesús, Él vio «la fe de ellos», le perdonó al hombre sus pecados y le sanó (Mateo 9:2-6). Cuando el centurión le pidió a Jesús, «di la palabra, y mi criado sanará» (8:8), Jesús «se maravilló» y dijo, «de cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe» (8:10).

Cuando tenemos fe en Dios, nos damos cuenta de que todo es posible (Lucas 18:27). —CHK

Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. —Lucas 18:27

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LLAMANDO A LO MALO BUENO

El Mago de Oz se ha mantenido popular por años. Personas de todas las edades han aprendido lecciones morales de Dorothy, el Espantapájaros, el Hombre de Lata, y el León Cobarde mientras viajaban por el camino de ladrillos amarillos. Por supuesto, en el argumento el gran enemigo a vencer es la Bruja Malvada del oeste. El mal se ilustra claramente y el bien lo vence.

Sin embargo, un nuevo musical de Broadway ha trastocado el sentido moral de la historia original, poniéndolo de cabeza. En esta nueva versión de la historia, a la bruja malvada se la presenta como un personaje cordial. Como nació con la piel verde, ella se siente una intrusa. Los personajes principales, los argumentos, los papeles, y otros detalles se alteran para que la bruja malvada sea realmente tan sólo una persona malentendida. El público podría irse con la idea de que lo malo es bueno y lo bueno es malo.

Durante el ministerio del profeta Isaías, los valores morales se invirtieron en Israel. Algunos, de hecho, elevaron los actos malvados de asesinato, idolatría y adulterio a la categoría de buenos. En respuesta a ello, Isaías les hizo una severa advertencia: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!» (Isaías 5:20). En nuestro mundo relativista, la cultura popular constantemente desafía los valores bíblicos. Pero estudiar, memorizar la Palabra de Dios y meditar en ella puede garantizar nuestro discernimiento entre lo bueno y lo malo. —HDF

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo! —Isaías 5:20

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ARMADOS PARA LA LUCHA

Hacia el final de su vida de combate, el apóstol Pablo, un guerrero espiritual, dio testimonio: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:7).

Años antes, ese valiente soldado de Jesucristo les había suplicado a sus compañeros cristianos que se pusieran la armadura de Dios, la cual les daría la capacidad de mantenerse firmes en su conflicto con los poderes de las tinieblas. Él conocía la vital importancia de ponerse esa armadura cada día. En su servicio a Cristo, Pablo había sido azotado, golpeado, apedreado y encarcelado, y a menudo estaba hambriento, sediento, con frío y cansado (2 Corintios 11:22-28).

Usando el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, el calzado de la paz, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu (la Palabra de Dios), Pablo fue capacitado para «apagar todos los dardos de fuego del maligno» (Efesios 6:14-17). Con la armadura de Dios nosotros también estamos totalmente cubiertos y preparados para la batalla.

El príncipe de las tinieblas con sus huestes de ayudantes demoníacos conforman un enemigo increíblemente astuto. Esa es la razón por la que necesitamos estar en guardia en contra de sus estratagemas engañosas y ponernos toda la armadura de Dios cada día. Cuando lo hacemos, al igual que Pablo cuando éste estaba acercándose al final de sus días, podemos tener la confianza de que hemos «guardado la fe». —VCG

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. —Efesios 6:11

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A LA VENTA: UN ALMA

Uno pensaría que vender su alma, tal y como Fausto le ofreció la suya al diablo en la obra Fausto de Goethe, es sólo un fragmento de ficción literaria. Sin embargo, con todo lo medieval que parezca, se han dado varios casos de ventas de almas.

La revista Wired informó que un profesor universitario de 29 años logró vender su alma inmortal por 1.325 dólares. Dijo: «En los Estados Unidos, uno puede vender su alma, tanto metafórica como literalmente, y recibir una recompensa por ello». La pregunta ahora es cómo pretende el comprador recoger su adquisición.

No podemos vender nuestra alma literalmente, pero podemos perderla por ganar otra cosa. Tenemos que meditar en la pregunta de Jesús: «¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?» (Mateo 16:26). Nuestras respuestas hoy sólo diferirían de las que se hubieran dado en los días de Jesús en cuanto a aspectos específicos: el mundo, la carne y el diablo. Los deseos que nos cautivan y el hambre desenfrenado de placer, éxito, venganza o cosas materiales ciertamente han asumido muchísima mayor importancia para muchas personas que cualquier consideración de la eternidad.

Nada en la tierra se compara a los regalos de Dios del amor y el perdón. Si los placeres de este mundo te impiden confiar en Jesucristo, por favor, reconsidéralo. No valen el costo de tu alma eterna. —DCE

¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? —Mateo 16:26

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EL CIRCULO DEL MIEDO

Cuando el mítico grupo de rock The Eagles (Las Águilas) preparaba una nueva canción para algún concierto, todos los miembros se sentaban en un círculo con sus guitarras acústicas y sin amplificadores para ensayar sus intrincadas voces. Llamaban a esta rutina «el círculo del miedo» porque no hay dónde esconderse ni dónde ocultar cualquier error que se pueda hacer en la armonía. Esa sensación de absoluta exposición de sus errores es lo que hace que este ejercicio les cause tanto temor.

Lejos de Cristo sufriríamos un tipo de exposición muchísimo peor delante del Dios de toda justicia. Si no tuviéramos abogado ni escapatoria, tampoco tendríamos esperanza alguna. Pero en Cristo, el creyente tiene a un Defensor delante del Padre a nuestro favor. 1 Juan 2:1 dice: «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo». Él asume nuestra defensa cuando son expuestos nuestros fracasos. Nuestro Defensor lleva nuestra relación con Dios más allá de un «círculo del miedo» hacia una comunión de gracia y verdad.

Nuestro desafío es vivir una vida de pureza e integridad que honre a nuestro Padre celestial. Pero, cuando fallamos, no tenemos que temer el abandono o el ridículo de parte de Él. Tenemos un Abogado que nos sostendrá. —WEC

Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. —1 Juan 2:1

 

 

 

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La diferencia que marca la oración ¿Qué sucedería si cumpliéramos literalmente el mandamiento de Jesús de amar a nuestros enemigos y orar por aquellos que nos persiguen? ¿Y si se nos llegara a conocer por acercar el cielo a los marginados y a las personas desagradables? Leer

 

 

La fe como la de un niño ¿Fe? Sí, la fe como la de un niño en que los papás pueden hacer cualquier cosa. Pero la verdadera fe tiene la promesa escrita de Dios como su fundamento. En Hebreos 11:1 leemos. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Leer

 

El mundo está observando Cuando alguien que conocemos está tomando una decisión o haciendo algún cambio, puede ser de ayuda que le preguntemos cuáles son sus motivos para ello. Pero no podemos conocer totalmente el corazón de otra persona.
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Llegando a la meta Jesús nos ofrece el mismo honor a ti y a mí; no porque seamos los mejores o los más brillantes, sino porque Él necesita a personas ordinarias como nosotros para ser modelos de Su vida, y con amor rescatar a las personas en Su nombre.
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