El día del Padre se celebra en muchos países alrededor del mundo. Aunque los orígenes, las actividades y el día de observancia en sí difieren ampliamente, todos comparten el hilo común de honrar a los padres por su papel como las personas a cargo de la crianza de sus hijos.
Para el día del Padre de este año, he decidido hacer algo diferente. En vez de esperar a recibir una tarjeta o una llamada telefónica de mis hijos, voy a enviarles palabras de aprecio a ellos y a mi esposa. Después de todo, sin ellos no hubiera llegado a ser un papá.
Pablo instruyó a los padres a ser una parte positiva del desarrollo de sus hijos más que una fuente de ira y desaliento. Escribió. «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor» (Efesios 6:4). «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten» (Colosenses 3:21). Estos dos versículos están incrustados en pasajes que tratan acerca de amarse y honrarse unos a otros en las relaciones familiares.
A medida que los hijos crecen, el papel de un padre cambia, pero no termina. La alabanza y el aliento son bienvenidos, ya sea que un hijo tenga cuatro o cuarenta años de edad. La oración siempre es poderosa. Y nunca es demasiado pronto para restaurar una relación rota con algún hijo o hija.
Padres, ahora es un buen momento para decirles a sus hijos cuánto les amáis y les apreciáis. —DCM
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten. —Colosenses 3:21
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APASIONADO DENUEDO
Un joven estaba predicando a los transeúntes en Hounslow, en las afueras de Londres, Inglaterra. La mayoría lo ignoraba, unos cuantos se burlaban y varios se detuvieron a escuchar. Pero sin importar la reacción de las personas, él seguía sin inmutarse. Con una potente voz y una clara determinación, abrió su corazón —no con las palabras de un profeta iracundo, sino con la profunda preocupación por los hombres y las mujeres en esa calle. Sus ojos, sus expresiones faciales y el tono de su voz revelaban una actitud de compasión, no de condena. En todo ello, él compartía con denuedo el amor y la gracia de Jesucristo.
En Hechos 4, cuando la iglesia todavía llevaba poco tiempo de formada, Pedro y Juan también se dirigieron osadamente a las personas de su generación. ¿La respuesta de los líderes de su tiempo? «Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús» (v. 13). Ese denuedo no era fruto de la capacitación ministerial sino del mucho tiempo que habían pasado en la presencia del Maestro. Como resultado de ello, se habían vuelto personas apasionadas por todo aquello que concernía a Cristo —el destino eterno de los hombres y las mujeres.
Ese mismo apasionado denuedo era lo que se veía en el rostro del joven en Hounslow. ¿Lo ven las personas en nosotros? —WEC
Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan,… se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. —Hechos 4:13
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LOS HERMANOS TENTADOS
Dos hermanos, ambos lejos de casa, enfrentaron tentaciones similares. Uno de ellos, que trabajaba lejos de la familia, cayó ante los ardides de una mujer más joven. Su pecado le llevó a la vergüenza y al caos familiar. El otro, separado de sus seres amados debido al caos familiar, resistió los ataques de una mujer mayor. Su fidelidad llevó al rescate y la renovación de la familia.
¿Quiénes son estos hermanos? Judá, quien cayó ante los ardides desesperados de su nuera Tamar, a la que había dejado en el abandono (Génesis 38). Y José, quien huyó de los brazos de la esposa de Potifar (Génesis 39). En un capítulo, se cuenta una fea historia de irresponsabilidad y engaño; y en el otro, una bella historia de fidelidad.
Las historias de Judá y José, las cuales se presentan de manera consecutiva en medio de «la historia de la familia de Jacob» (37:2), nos muestran que la tentación en sí no es el problema. Todos enfrentamos la tentación, incluso Jesús la enfrentó (Mateo 4:1-11). Pero, ¿cómo la enfrentamos nosotros? ¿Demostramos que la fe en Dios puede ser el escudo que nos protege de ceder al pecado?
José nos dio una vía de escape: Reconocer el pecado como una afrenta contra Dios y huir de él. Jesús nos dio otra: Responder a la tentación con la verdad de la Palabra de Dios.
¿Estás enfrentando alguna tentación? Considéralo como una oportunidad para hacer que Dios y Su Palabra sean una realidad en tu vida. Luego, ¡huye! —JDB
¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? —Génesis 39:9
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UN FELIZ REENCUENTRO
En el 2002, Elizabeth Smart fue raptada de su hogar en Utah. Vivió una vida de vagabundos ante la presencia constante de la pareja acusada de su secuestro. Sin embargo, nueve meses después la encontraron y la devolvieron a casa. Fue un feliz reencuentro anhelado por su familia.
En el libro de Apocalipsis, Juan describe la visión de un cielo y una tierra nuevos, y nuestro futuro reencuentro con el Señor (21:1-5). El contexto no es sólo geográfico, sino de vida para el pueblo de Dios —una gloriosa realidad con Dios y Su pueblo habitando juntos por la eternidad.
Juan describe los beneficios para el pueblo de Dios cuando Él establezca Su morada en medio de éste. Las consecuencias debilitantes del pecado quedarán abolidas para siempre. En la visión de Juan, el pesar, la muerte, el dolor y la separación serán parte de las primeras cosas que entonces serán sólo el pasado. El viejo orden abre paso a uno nuevo y perfecto, un reencuentro de bendición eterna. «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo… Y el que estaba sentado en el trono dijo: he aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (Apocalipsis 21:3,5).
Un día, todos nos regocijaremos en un feliz reencuentro en el cielo con nuestro Padre celestial. ¡No podemos imaginar qué día de regocijo será ése! —MLW
Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo. —Apocalipsis 21:3