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¿Ha pensado alguna vez sobre que el pecado original se inició con un ataque contra la Palabra de Dios? “Así que Dios les ha dicho…” es la tentación primitiva que todavía intenta arrastrar la Palabra de Dios con nuevas holas de ataque. Siete pecados mortales contra la Palabra de Dios amenazan hoy día la base de la iglesia.

1. Despreciar la Palabra de Dios. Más grave que el menosprecio enérgico de los ateístas modernos y de los blasfemos por profesión es la silenciosa desatención del ejército de millones de no-lectores de la Biblia. Uno se considera creyente, pero tiene cero interés en lo que Dios ha dicho. Periódicos, revistas, prospectos y la Internet parecen siempre más importantes que el viejo y grueso libro que junto con su borde de oro se empolva en la estantería.

2. Criticar la Palabra de Dios. En vez de dejarse criticar por Dios mediante su Palabra, de repente el hombre dice a Dios por dónde andar. Los grandes acontecimientos históricos (caída del hombre, diluvio, éxodo), milagros y los datos claves de la salvación como el nacimiento de Cristo por una virgen, su sacrificio en la cruz por nuestros pecados, su resurrección, ascensión y la segunda venida de Cristo, están para gran parte de la cristiandad occidental pasados de moda – ya hace tiempo. Ya nada está seguro de la así llamada razón. Jesús responde simplemente con Mateo 22:29.

3. Tergiversar la Palabra de Dios. Desde la victoria del racionalismo compiten muchos teólogos en el “arte” de interpretar la Biblia tanto hasta que sale lo contrario de lo que está escrito. Primero se trató de la doctrina. Hoy día también las normas morales de la Biblia no sólo se las abolen, sino con argumentos pseudobíblicos se las tergiversan hasta obtener lo contrario. Es seguro la ovación del mundo, igual como el desagrado de Dios (Isaías 5:20).

4. Valorar la Palabra de Dios erróneamente. Valoración errónea no sólo hay en cuanto a la relación entre la Palabra de Dios y otros escritos (sectas) o entre la Palabra de Dios y tradiciones eclesiásticas (iglesia católica), sino también, en forma sumamente astuta, en cuanto a la relación entre la Palabra de Dios y el Espíritu Santo respectivamente entre la Palabra de Dios y las experiencias. Si la “guía por el espíritu” subjetiva domina la guía por la Palabra de Dios objetiva, o las experiencias interpretan la teología y no al revés, entonces serán favorecidas las doctrinas y la práctica de fe perjudiciales.

5. Desatender a la Palabra de Dios. Cada descuido frente a la Biblia en mi vida y en la vida de la iglesia local tiene repercusiones negativas. No obstante, parece importante desde qué “nivel de aguas subterráneas” bíblicas sucede esto. Si falta el enraizamiento profundo en la Palabra de Dios, la lectura bíblica escasa y la renuncia al estudio de la Biblia tienen consecuencias aún más fatales.

6. Desconfiar de la Palabra de Dios. Todo conocimiento de la Biblia naturalmente es inútil, si no confío en la Palabra de Dios. Eso fuese como comprar alimentos, pero renunciar a comerlos.

7. Aplicar insuficientemente la Palabra de Dios. La lectura de la Biblia y su conocimiento lamentablemente no son garantías de poner también en práctica lo que uno sabe o ha leído. Sin embargo, la cuota de realización es decisiva. Mejor saber menos, pero aplicarlo, que saber mucho y hacer poco. Sin duda Dios aprobará a aquel, que estudia la Palabra de Dios con empeño y hace todo lo posible para implementarla en su vida, por la gracia de Dios.

Bernhard Knieß


















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