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Sigo soltero ¿Y ahora que hago?En nuestra adolescencia tal vez creamos que el matrimonio y la familia es algo que simplemente “nos sucederá” automáticamente cuando seamos adultos. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa, parece que no siempre es así.

En una de mis canciones favoritas, “Esperando a mi amado”, de la obra musical Brigadoon (nombre de una aldea ficticia en Escocia), de los años 50, la letra acertadamente dice así:  “Esperando a mi amado, feliz guardo mi corazón hasta que él llegue”. La historia tiene lugar en un imaginario pueblo escocés que aparece solo una vez cada cien años. En aquel lugar vivía una joven sin esperanza de encontrar novio, ya que todos los jóvenes estaban casados, a punto de casarse, o simplemente no eran lo que ella buscaba. Sin embargo, la historia tiene un final feliz cuando un joven cazador perdido en el bosque de pronto se encuentra con esta aldea. El decide quedarse y casarse con aquella jovencita.

Esta canción podría considerarse como “el himno de esperanza de los solteros”. Según la canción, ella decide guardarse hasta que aparezca el hombre adecuado, afirmando que casarse por casarse no es la respuesta y que, a pesar de la presión, se mantendrá soltera si ese hombre ideal no aparece.

El mensaje de la canción es muy hermoso, pero refleja una dura realidad. Entre quienes luchan por seguir a Dios fielmente, persiste la creencia de casarse para toda la vida. Sin embargo, algunas veces otras personas ven nuestra soltería tal como los amigos de Job veían su tragedia: si no nos hemos casado, ¡debe ser porque hemos hecho algo incorrecto!

¿Te sientes atrapado en tu soltería? (bien sea que nunca te hayas casado, que te hayas separado o que hayas enviudado). ¿Es ese el enfoque correcto? ¿Hay algo más importante que limitarse a buscar un posible partido en cualquier lado? ¿Qué debemos anteponer al romance y al matrimonio? ¿Qué debemos hacer?

Cambios en los tiempos y la moral

Hace un siglo o un poco más, casarse era algo común y esperable en la sociedad; en general, los matrimonios eran concertados por los padres y los jóvenes se casaban a una edad mucho más temprana que ahora. La vida era más difícil en ese entonces, y desde el punto de vista económico, el matrimonio era una ventaja. Era mucho más conveniente tener dos personas para trabajar el campo y mantener el hogar, que una sola.

Los tiempos cambian, y en la actualidad el matrimonio ha dejado de ser la norma. Es más, la idea del matrimonio tradicional les parece anticuada a algunas personas, quienes experimentan con estilos y modos de vida que se oponen a las leyes que Dios ha establecido para nuestra salud y felicidad.

De aquellas parejas que se casan, muchas ya han vivido juntas un tiempo o han tenido hijos en común. Algunos solteros son promiscuos, creyendo que así se librarán de las “ataduras” del matrimonio pero sin tener que prescindir de una vía de escape a sus necesidades. Esta “solución” acarrea consecuencias lamentables y muy dolorosas. Sin embargo, la publicidad a menudo promueve tales opciones sin tener en cuenta la desdicha que acarrean.

Es difícil nadar contra la corriente inmoral de nuestro mundo. Y más difícil aún es encontrar a alguien que comparta el deseo de seguir las leyes de Dios y quiera comprometerse en una relación matrimonial con un amor sincero, leal y de por vida. Y a pesar de que muchos desean casarse en esas condiciones, pareciera no haber candidatos en ninguna parte.

Considera el panorama completo

Pero tal vez valga la pena considerar la posibilidad de que aún no estemos adecuadamente preparados para el matrimonio. Quizá es por eso que Dios nos da un poco de tiempo extra, para mejorar en ciertos aspectos.

A pesar de ser fieles a Dios y de guardar sus mandamientos, muchas veces no comprendemos por qué Dios aún no nos ha proporcionado un compañero (a). ¿Acaso no es ello parte del contrato? Dios nos bendice, desde luego, ¡pero a su debido tiempo!

Antes de salir en “busca del amor” de un posible candidato, hay otras cosas en las que debemos enfocarnos.

Nuestra relación con Dios el Padre y nuestro Salvador Jesucristo, por supuesto, debe ocupar el primer lugar. Aún no hemos entrado al Reino de Dios, por lo tanto, tenemos que ocuparnos individualmente de nuestra propia salvación a través de Cristo (ver Filipenses 2:12). Aunque hayamos estado haciendo bien las cosas, siempre podemos crecer más espiritualmente.

En segundo lugar, hay mucha gente (no necesariamente en busca de matrimonio) que necesita nuestra amistad: hombres y mujeres, jóvenes y adultos. En toda comunidad siempre habrá necesidad de personas que no tengan las limitaciones impuestas por las responsabilidades familiares. ¡La soltería te permite ser muy activo, y a la vez, sumamente sociable!

En tercer lugar, nuestra misión al seguir a Dios es promover su obra proclamando las buenas nuevas del futuro Reino de Dios, el mensaje que el mismo Jesús predicó (ver Marcos 1:14-15). Hacemos todo lo posible para ayudar a divulgar la maravillosa verdad a quienes nos rodean en este mundo. Para ser un ejemplo eficaz a las personas en nuestras comunidades, podemos elegir entre ser una pequeña llama o una resplandeciente luz LED (ver 1 Corintios 7:32-35). Las personas solteras a menudo tienen más tiempo para resplandecer; solo tienen que pedirle a Dios las oportunidades para ponerlo en práctica.

Mantén una vida activa

¿Hay alguna persona soltera que te interese? Haz un esfuerzo por conocer su carácter y personalidad y no te dejes llevar solamente por su atractivo o apariencia. Persevera en tu relación con Dios; muéstrate agradable, dispuesto a escuchar; mejora tus habilidades para interactuar con los demás y no te preocupes pensando si ésta es la persona para ti. Algunos de mis amigos casados me han brindado un consejo basado en su experiencia: “Cuando llegue esa persona correcta a tu vida (o tú llegues a la vida de ella), ambos lo sabrán, pero pídele a Dios que te ayude a reconocerla”.

¿Qué hacer si no hay nadie de tu edad con quien salir? ¡Ocúpate en otras actividades! Dedícate a servir y ser un buen ejemplo del camino de vida de Dios (ver Mateo 5:14-16). Trata de ser amable y de tener amigos, pero no solo con el fin de buscar un romance.

Empéñate en alcanzar metas en tu vida y no esperes que las cosas simplemente sucedan. ¡Aprende un nuevo tipo de baile, un deporte, otro idioma, o lo que sea! Pídele a Dios un espíritu de gozo en lugar de una amarga resignación, que puede ser una actitud tentadora, pero que produce mucha desdicha. El gozo verdadero es la felicidad que produce la certeza de que Dios no nos ha abandonado.

Pero, por sobre todo, habla con Dios, cuéntale de tus sentimientos, especialmente si te embarga la soledad. La soledad es el resultado de no interactuar con otras personas. Si te está sucediendo esto, busca la forma de acercarte a otros. Quizás puedes escribir una carta, llamar a alguien o inscribirte en algún curso; en todo caso, ¡el mejor antídoto para la soledad es ser extrovertido!

Aprovecha tu soltería, desarrolla tus talentos, pídele a Dios el gozo verdadero y, por sobre todo, confía en Dios; puede resultar difícil, pero con su ayuda, podrás salir adelante.

Por Amanda Stiver






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