Testimonio real de un combatiente de la marina Alemana y como llegó a conocer el evangelio.
Nací en Alemania, durante la primera guerra mundial, el 18 de febrero de 1915, día en que mi padre cumplia 30 años mientras se econtraba luchando en el frente contra Francia. A los 20 años bajo el regimen de Hitler, me enrolé en la Marina de Guerra, y el 6 de enero de 1936, en pleno invierno, hice el viaje inaugural con el "Panzerschiff Admiral Graf Spee."
Era un barco de guerra moderno, orgullo de la ingeniería alemana, y fue bautizado "Buque Fantasma" porque era utilizado en misiones especiales y estaba en constante actividad. Luego de participar en la guerra civil española, en el mes de agosto de 1939 salimos por última vez de mi patria rumbo al Atlántico Sur, y mientras estábamos de viaje estalló la segunda guerra mundial; de immediato nos llega la orden de destruir barcos enemigos y desaparecer.
Así llegamos al Río de La Plata , donde el 13 de diciembre de 1939 comenzaba la famosa batalla contra tres cruceros ingleses. Nosotros entramos en el puerto de Montevideo, donde enterramos 36 compañeros muertos en la lucha y muchos heridos graves fueron internados en hospitales de esta ciudad. Luego de una intensa guerra diplomática, llega la orden de zarpar dentro de las 72 horas.
El comandante, Hans Langsdorff, ordenó el desembarco de toda la tripulación y que la misma fuera llevada a la República Argentina , que llegaba a ser mi segunda patria; así se hizo en distintos remolcadores que partieron hacia Buenos Aires, mientras que el famoso acorazado había tomado ubicación en el lugar que sería su tumba, luego de haberse convertido en una inmensa antorcha, como consecuencia de las bombas colocadas en su interior.
ADMIRAL GRAFF SPEE - (Hundimiento)
Los tripulantes fuimos internados como prisioneros de guerra, y en tal caracter conducidos a distintas provincias argentinas. En mi caso, tuve la bendición de ser llevado a Córdoba, donde pasé los mejores años de mi vida.
Sin embargo, cuando terminó la guerra debíamos ser entregados a los ingleses que debían llevarnos a nuestra primera patria, siempre como prisioneros de guerra; fue por ello que decidí huir antes que así lo hicieran.
Era el 1 de Noviembre de 1945, un día que nunca olvidaré mientras viva; hasta ese momento jamás me había ocupado por la salvación de mi alma; vivía sin Dios y era un burlador; ni siquiera permitía que me hablaran del Señor Jesucristo, el Hijo de Dios que vino al mundo para morir en la cruz por una humanidad perdida, en la cual yo estaba incluído.
Muchos creyentes evangélicos trataron de convencerme; ultilizaron para ello la Palabra de Dios, la Biblia. Una noche, una joven cristiana, leyendo el Evangelio de Juan 3:16-18, me dijo muy seriamente, que si yo no aceptaba a Cristo como mi Salvador personal, estaba eternamente perdido. A la mañana siguiente, nos dieron dos horas libres antes de ser repatriados.
En ese momentro leí en un almanaque evangélico, en la hoja correspondiente a ese día, todo aquello que Jesucristo era, es, y será. Por la gracia divina, fuí grandamente impactado con esa lectura y comprendí cuan ciego había sido hasta ese momento y que de repente veía la realidad.
Me sentía muy mal al reconocerme el pecador mas grande del mundo por haber rechazado el immenso amor de Dios para conmigo. Había comprendido claramente las palabras del Apostol Juan: que Dios es amor. En esto se muestra el amor de Dios para con nostros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por El. En esto consiste el amor; no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que El nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados." 1 Juan 4:8-10.
Me despedí de mi mejor amigo y me alejé de ese lugar, viajando hasta Jesus María (Córdoba) Marché, el próximo pueblo, donde esperaba un tren que dos veces por semana se dirigía al norte del país, pues mi amiga me había regalado un boleto con destino a Jujuy, ciudad que estaba a 1000 kilómetros de esa localidad.
La primera noche en el hotel, Dios me siguió hablando. Me encontraba en medio de una profunda crisis espiritual, necesaria para que los propósitos divinos para conmigo, llegaran a feliz término. Estaba huyendo sin dinero, sin documentos, sin conocer el idioma, sin futuro; absolutamente solo; sabiendo además que la decisión adoptada significaba que mis padres no verían nunca mas a su único hijo.
Fue en ese momento cuando me quebranté, me arrepentí de mis pecados, pidiendo perdón a Dios por ellos, y acepté a Jescucristo como mi único y suficiente Salvador, con todo mi corazón. A pesar del dolor de la experiencia y mi total soledad, recibía la paz divina en mi corazón y sentía un gozo inexplicable. Ya no estaba solo, porque podía hablar con Dios como mi Padre celestial; se había cumplido en mi vida lo dicho por Pablo a los Romanos; "Mas habeis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba Padre."
Cuando abrí mi valija, encontré una Biblia que había sido puesta allí por mi amiga creyente, futura novia y esposa. No habiendo querido nunca leer las Sagrada Escrituras, ahora debía pedir a Dios el oportuno socorro para hacerlo y recibir de ella el auxilio que necesitaba. El me guió a uno de los Salmos de David, donde encontré reflejada mi triste situación y el consuelo divino llenó mi corazón.
Cuán grande fue la misericordia y la paciencia de Dios para conmigo! Cuantas veces fuí guardado de la muerte física , y por consiguiente, de la perdición eterna! Sin pensar que en la guerra que yo había participado murieron 55 millones de personas y pude sobrevivir! Yo, cuando era joven, fui vicioso y moralmente arruinado, hasta querer suicidarme; sin embargo, el bendito Salvador me dió el perdón de mis pecados, me concedió la salvación eterna y aún la victoria sobre Satanás y los demonios, además yo sé que resucitaré en el día final.
Luego de mi conversación, constituímos nuestro hogar y junto a mi esposa abrimos nuestro corazon al Señor y nuestra casa para que se predicara su Santo Evangelio. Gracias a El porque allí se formó una Iglesia que ha sido levantada para testimonio de la verdad en la ciudad de Quilmes (Argentina) y que esperamos se mantenga fiel hasta la Venida de Cristo para buscar a los suyos y caigan los juicios divinos sobre una humanidad que cada día se aleja más de sus caminos.
Querido amigo, cuando leas estas líneas, yo te ruego que aceptes a Jesucristo como tu Salvador, antes de que se termine esta Dispensación de la Gracia. El te invita diciendo: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que entran por ella." (San Mateo 7:13)
Delante de nuestros ojos se están cumpliendo las profecías y señales de los últimos tiempos. No mires a los hombres ni a ninguna religión, sino solamente a Cristo, que es quien murió por ti en la cruz del Calvario y puede suplir todas tus necesidades para esta vida y la eternidad.
Personalmente me fue necesario perder mi patria para encontrar una nueva en la Argentina y luego aquí hallar, por la gracia de Dios y la obra del Señor Jesucristo mi única y verdadera patria: LA PATRIA CELESTIAL.
Quiera Dios que todos los lectores de este testimonio, pueden también encontrarla, reconociendo que son pecadores y que hay poder en la sangre de Cristo para limpiarnos de todos ellos.
Querido amigo; Acéptale como tu Salvador personal y recibirás la vida eterna!
Que así sea. Amén.
Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Este relato es la historia real de un creyente renacido miembro de la Iglesia Cristiana Evangélica (perteneciente al grupo de Iglesias que sustentan el testimonio Philadelphia) en la localidad de Quilmes, Argentina.